Conchi Piñeiro

Mario Sánchez-Herrero

ECOoo Revolución Solar, Madrid

Ha sido profesor de economía durante 15 años en la Universidad Complutense de Madrid. Es asesor de empresas y en 2005 puso en marcha la empresa de no lucro Ecooo dedicada a la eficiencia energética y las energías renovables desde un enfoque centrado en la participación y la activación ciudadanas. Miembro del Consejo Rector de la cooperativa del MERCADO SOCIAL DE MADRID y del TEATRO DEL BARRIO, se prodiga también como activista de la PLATAFORMA POR UN NUEVO MODELO ENERGÉTICO.

Paradigma consumerista. La hora de la energía.

La expresión última y más depurada de economía social y solidaria es la que se construye a partir del consumo responsable, colectivo y político. El paradigma consumerista parte del hecho incuestionable (pero invisible) de que el origen de toda economía es la necesidad, el consumo, la demanda; que no es necesario producir nada que no responda a una demanda previa; que sin consumo no es necesaria la producción. Es del imperio actual del productivismo de donde surgen el imperativo del crecimiento infinito, el desempleo como problema y buena parte de la desigualdad y la injusticia social que nos asuelan.

La teoría económica ortodoxa, pero también la que se ocupa de las otras economías, peca de tener la mirada reconcentrada en las organizaciones empresariales. Si estamos en clave solidaria, el retrato robot sería el de una cooperativa de producción con el ánimo de lucro muy contenido, valores de respeto medioambiental y de justicia social y que colabora solidariamente con las organizaciones con las que comparte valores.

En el ángulo muerto del análisis se quedan las verdaderas herramientas de transformación social desde la economía: las cooperativas de consumo y otras formas de organización dedicadas a encauzar colectivamente el consumo, a hacerlo eficiente, sostenible y solidario. Organizaciones desde las que revisar el mismo objeto de estudio de la ciencia economía: no se trata ya de economizar en los procesos productivos, sino sobre todo de hacerlo también, y antes, respecto del consumo mismo. Soy eficiente porque reduzco la cantidad de imputs que necesito para sostener mi vida, porque libero tiempo y gano seguridad (resiliencia, autonomía).

Y luego sí, cómo no, la producción de bienes y servicios, pero desde el impulso de ese mismo consumo organizado, consciente y sostenible. Empresas nacidas del paradigma consumerista que, al no asumir riesgos (tienen la demanda asegurada), minimizan el beneficio y el coste del capital en general, se ahorran todos los recursos y angustias destinados a la búsqueda del cliente y otras muchas ventajas competitivas más que, bien aprovechadas, podrían desplazar con relativa facilidad a las empresas del paradigma antiguo.

LA ENERGÍA COMO CABALLO DE TROYA
El progreso tecnológico fulgurante de la eólica y muy especialmente de la fotovoltaica (un panel que hace 8 años costaba 800 euros, ahora cuesta 80) ha hecho posible que nos podamos plantear un modelo energético distribuido en el que la energía esté en manos de las personas y las pequeñas comunidades. Los grandes dinosaurios energéticos con su modelo centralizado, peligroso y contaminante enfrentan el mayor desafío de sus 200 años de historia. Una vez que se les ha desplomado el argumento de que las renovables son caras, han puesto a los parlamentos/gobiernos a legislar para mantener, contra toda lógica económica, su statu quo. El caso de la regulación del autoconsumo en nuestro país es la manifestación más evidente de la magnífica ventana de oportunidad que la ciudadanía tiene de poner un sector clave como el energético al servicio de una nueva forma de hacer economía. La forma consumerista.

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